Dado los cambios sociales que acontecen a cascada en el mundo que vivimos, la vida de pareja se ha convertido en un nuevo reto a sortear. Pareciera que el malestar amoroso empieza a ser la constante tanto en hombres como en mujeres. Son muchas las teorías y técnicas que se proponen para abordar esta insatisfacción. Nosotros hoy queremos mencionar cinco aspectos concretos a reflexionar dado que estamos convencidos que hacer movimientos concretos y plausibles pero sostenidos en el tiempo pueden cambiar la ruta de una relación que amenaza con desquebrajarse
1. Estrés y sobreexigencia
La pareja contemporánea está estresada y completamente inmersa en una cultura de la imagen, el éxito y la competencia. Hoy existe la necesidad de mantenerse al día en lo intelectual, emocional, físico, económico, tecnológico y cultural para seguir vigente. Las parejas están sobrepasadas, cansadas; tienen poco espacio para ellas y quieren tiempo para el amor, la diversión, la comunicación y el sexo. Si a esto sumamos un contexto de grandes urbes, de largas distancias, de cambios sucesivos, de nuevas exigencias en la crianza de los hijos y en que cada pareja tiene cada vez menores posibilidades de apoyo en la familia extendida, los resultados son un estrés y una sobreexigencia aplastantes.
Frente a esta realidad, una propuesta es superar la idea del control total y de buscar la seguridad en todo. La pareja actual, a diferencia de la antigua, si bien es más consciente de lo que es el matrimonio y la relación amorosa y por tanto se prepara o intenta prepararse, también eso le juega en contra, porque es bastante más insegura en el proceso amoroso y por consiguiente no se instala verdaderamente en el amor. Esa inseguridad los hace tomar demasiados resguardos o simplemente a muchos los lleva a no comprometerse.
No existen seguros que protejan de todo a la pareja en su amor y unión y en ese sentido a la pareja ha de bastarle tenerse el uno al otro. Antes de casarse o comprometerese, los novios contratan seguros, en el sentido de que ya tienen dividido todo por si se separan. Si bien prever es un signo de madurez, es imposible tener todo controlado, hay que aceptar que la vida tiene riesgos y lo maravilloso es poder salir airosos de esos conflictos.
2. Crisis recurrentes
Una segunda realidad es que hoy las crisis son más frecuentes porque vivimos en un mundo globalizado, en que la revolución de la información y las comunicaciones nos llevan a cambios incesantes de trabajo, colonia, país... Pareciera que vivimos en la sociedad de lo desechable, donde todo queda obsoleto al poco tiempo; predomina el individualismo, las gratificaciones inmediatas y los productos nuevos. Por eso, las posibilidades de cambios personales, en las motivaciones, proyectos y valores, hacen más probable que las crisis de pareja sean más frecuentes y no cada siete años como se caricaturizaba antes.
Ante esta situación valdría la pena desarrollar la capacidad de aceptación frente a las crisis. Hay que saber darse tiempo para vivir los problemas como procesos. Se requiere tolerancia a la frustración, control de la impulsividad, habilidades de negociación y comunicación y flexibilidad para adaptarse a nuevas propuestas.
La pareja actual tiene como desafío reconocer que los conflictos y crisis son naturales, parte del desarrollo. Desde la perspectiva evolutiva, no hay crecimiento ni maduración sin crisis; si la pareja cree que el conflicto va en contra de la unión hará que desaparezca o que no exista, lo que no siempre es tiene buenos resultados. Hay personas que pueden tener mucho miedo a la pérdida del otro por su historia biográfica y creer que las discusiones inmediatamente acarrean la separación. Uno también actúa en función de su historia, pero en principio es importante que los miembros de la pareja sean conscientes de que el conflicto es parte de la naturaleza humana y del proceso amoroso.
3. Roles poco definidos
Los roles femeninos y masculinos se han ido sobreponiendo y sus límites haciéndose más difusos, hoy existe competencia dentro de la pareja y nuevos motivos de conflicto. Existe una confusión en las expectativas y no hay una clara descripción de las funciones de cada uno. ¿Qué es ser un buen marido hoy y qué es ser una buena esposa? Ambos salen al mundo laboral, ambos proveen y ambos esperan contención afectiva. Frente a esta realidad, la distribución y responsabilidad en las tareas del hogar y de crianza es una fuente de conflicto cada vez mayor; también el cómo y quién provee. Hay un desfase entre la penetración de la mujer en el mundo público y la del hombre en el mundo privado. Aunque la antigua división mujer-hogar, hombre-calle, racional-emocional, mundo privado-mundo público, ha ido perdiendo vigencia para bien, hombres y mujeres no saben cómo enfrentar estos cambios.
Armonizar proyectos personales y compartidos puede ser una propuesta en este punto. Se requiere un equilibrio entre ambos y plantear de antemano cómo se enfrentará este tema para que no sea fuente de rencores, soledades e incomunicaciones a lo largo de la relación. De manera particular es necesario tener cuidado en el cómo se van a congeniar los proyectos propios con los de pareja cuando llegan los hijos si es que se planea tenerlos y para eso recomienda tener conversaciones previas para que los niños no se transformen en fuente de rencores y desencuentros.
4. Conflictos de poder
Una cuarta fuente de problemas entre las parejas deriva del conflicto anterior. La creciente igualdad de derechos y deberes en mujeres y hombres, los mayores ámbitos de decisiones compartidas generan mayor competencia en varias áreas. ¿Quién manda a quién? ¿Cómo se distribuye el dinero, quién fija las prioridades y quién controla los gastos? ¿Quién decide cómo se cría a los niños, la disciplina, las relaciones con las familia de origen, quién trabaja, cuánto, qué carrera profesional se privilegia y cuándo?".
En relaciones de pareja no jerárquicas a la que sobre todo las mujeres aspiran alcanzar, se vuelve clave saber cómo proceder frente a las discrepancias, visiones encontradas y conflictos de intereses. Es necesario gestar acuerdos sobre cómo manejar los desacuerdos. Pensar que los desacuerdos no existirán es una utopía pero lograr que estos no sean fuente de conflico perpetuo es una posibilidad real.
5. Amenazas del amor: rutina, infidelidad y agresión
Hoy se sabe que las parejas se eligen y se mantienen en base al amor y a un proyecto compartido. Por eso al fundar la pareja en el amor, han aumentado las exigencias puestas en ella. Se le pide a ésta que sea capaz de enamorarlos, que sea buen padre o madre, buen marido o esposa, responsable en el trabajo, los gastos, el dinero y las tareas del hogar; que se lleve bien con la familia, sea buen amante, buen amigo/a, comparta hábitos, valores y costumbres, posea una visión similar sobre la crianza de los hijos, la política, la religión, el sexo y la autonomía, ojalá tenga los mismos amigos e intereses parecidos, además de suficiente compatibilidad de caracteres como para llegar a acuerdos, dirimir conflictos y pasarlo bien juntos. Mucho, ¿cierto?".
Hoy mantener el amor es un trabajo arduo. Valdría la pena primero cuestionar si el concepto de amor que tenemos no es de corte romántico y por tanto idealizado para seres de carne y hueso como nosotros. Valdría la pena generar estilos de amor concreto que respondan a las necesidades concretas de la pareja que lo vive. Sin embargo esta tarea además de ir en contra de la idea de amor total que se nos vende por todos lados, requiere de un compromiso tanto de hombres como de mujeres para proponerlo y probarlo con seriedad, diálogo y dedicación. Sus peores enemigos y muy comunes hoy son la rutina, la infidelidad, el aburrimiento y la agresión porque son camino seguro al desamor. Al tiempo que creamos nuevos modelos amorosos hay que estar alerta frente a ellos y tomar medidas inmediatas para no dejarlos entrar.
Un desafío particular en este sentido es superar "la hipervalorización de la espontaneidad". Hoy se espera que exista espontaneidad en el sexo, en las invitaciones, en las ocurrencias de uno y otro, y la verdad es que en una sociedad como la nuestra es difícil por las restriccciones de tiempo. Dentro de ese poco espacio que queda para estar en pareja, ponerle la presión de la espontaneidad es una trampa. Pareciera que hay que definir en conjunto los tiempos para estar juntos. En una pareja bien sintonizada habitualmente se dan ambas cosas, la estructura y la sorpresa, pero es tarea importante disminuir las expectativas.
Por supuesto que tampoco se puede caer en el extremo de calendarizar en exceso y de querer tener todo bajo control. Las parejas requieren de flexibilidad para dejar espacio a los acontecimientos externos y no creer que lo ideal es la sincronía completa. Por ejemplo la sexualidad perfecta no tiene por qué ser aquella donde el orgasmo es simultáneo entre las dos partes.
El desarrollo de una amistad profunda en las parejas es clave escencial en este caminar juntos, sobre todo frente a las largas expectativas de vida que hoy existen. Eso consiste en conocer bien al otro. Saber no sólo qué le gusta de comer, sino las cosas que le causan dolor, los horarios en que está más lúcido, es decir desde lo más banal hasta lo más profundo. Quizás movernos en este amplio expectro, mostrando con pequeñas pero continuas demostraciones cotidianas que sabemos del otro, que lo miramos y que estamos al pendiente de él, es alimento suficiente para que el deseo de continuar, de buscar respuestas, de generar cambios y de solucionar problemas no muera a las primeras de cambio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario